martes, agosto 10, 2004

La Sociedad Ilógica de las Ideas


Estamos aquí, sin preguntar, sin avisar ni saber. Gritamos. Luego los soberanos términos de la independencia y de la soledad juegan en un sobresalto hondo en nuestras cabezas y queremos sobretodo un poco de paz y capital turístico. La vanidad que gobierna nuestros pequeños cerebros presiona un mercado gigantesco de complacencia, ruina. Las organizaciones fuera de la organización núcleo, que son pequeñas constelaciones en una misma galaxia de infinita idiotez[1]; fueron hechas para gente más satisfecha de su vida, a veces tanto que ya no la quieren; Y nosotros somos los que opinamos en todo y siempre queremos una respuesta segura con olor a creolina y que al menos te ofrezcan un buen café occidental. La expiración de los compuestos nominales que ahora gobiernan el mundo es el reloj por el que se mide la economía de las fortunas de queso mundiales. Algunos intendentes gramaticales, de esos que te dicen como hablar y que opinar para que el engranaje siga siendo algo que valga la pena, se les ha olvidado momentáneamente el sonido de la letra ñ [eñe; algo como enye] y eso ha producido un colapso magnánimo en el palacio de las buenas ideas. Además de un come libros que esta cansado de espiar a los profetizantes hipócritas[2] y a los idiotas. Un cúmulo gigantesco de mediana hipocresía y algo de buena educación es lo que hace que nos deslicemos por aquel tobogán en espiral que tanto asusta a todo aquel que lo entiende. Pero es tiempo. Es nuestro tiempo, y solo guardaremos silencio porque es la idea más lógica en esta sociedad.
1. Quizás no fue tan la idiotez, y tampoco tanto el verde felicidad.
2. Imposible pensar en otra cosa.