jueves, junio 24, 2004

Reintegración

No se como miraba, que parecía una fotografía impregnada de recuerdos de antologías pasadas, su piel satinada merecia la pena del más sabio de los dioses y la mirada de la más pura de las virgenes. Una lagrima de sus ojos alguna vez hizo pender de un hilo la vida de un niño tibio y de mejillas coloradas. Recuerdo que alguna vez sonrió pero fue un golpe demasiado fuerte para aquellos que nunca habían visto la felicidad, saborearla de súbito nunca pareció tan grave, tambien dicen que los que nunca fueron felices no pudieron entenderlo y por tanto se volvian locos de emoción y corrían desnudos bajo la lluvia con los ojos desorbitados, articulando sonidos sin sentido y sin embargo tan perfectos al oído, y ante semejante incompresión de sentimientos lo unico que procuraban era amarse con pasión, con una inudible furia atraída desde el centro de la tierra hasta el centro de su alma, pero fue demasiada la euforia y entonces fue demasiada la agonía que los hizo regresar a la vida.

Nadie pensó que se iría así, para convertirse solo en una leyenda que los niños escucharían entusiasmados bajo un saman viejo y solo como nunca se le vió a él. ÉL, el de los ojos benditos y la lengua cortante, no soportó ver los lacerante rostros suplicantes de tan solo un gesto, una mirada, un respiro; en esa época más o menos decidió callarse para siempre creyendo que la gente enamorada terminaría por abandonarlo y hasta odiarlo, pero eso nunca pasó; con contemplarlo parecía suficiente para sus espíritus sedientos de aquella fuente infinita de sentimientos, y permaneció callado durante varios siglos, y la gente moría solo al sentirse contemplada por él, aunque a veces solo fuese una ilusión nacida del más anhelado de los deseos. Asi que ya no miraba a nadie, contemplaba el horizonte amarillo, morado o negro, y recibió de obsequio varios amaneceres, seguido por tormentas que hacian de su conjunto masa/alma una combinación exacta. Entonces no pudo él con tanta felicidad y cerró los ojos, para fijar aquellas imagenes en el interior de sus párpados y así evitar que nadie se atreviese a si quiera observarlas, mucho menos intentar arrebatárselas. Así él aseguraba su felicidad eterna mientras se iba convirtiendo en leyenda a medida que su vida útil se terminaba para muchos y a penas comenzaba para él.

No sé si su corazón dejo de latir antes de que el decidiera dejar de respirar, pero ya no hubo nadie que se atreviera a de detenerlo cuando quiso abandonar su integridad física y borrar sus tibios matices, razón por la que sonrie en su soledad por última vez; y aún entonces quedaba su recuerdo, y las personas antiguas con la mirada perdida como él la tuvo alguna vez en el horizonte evocaba recuerdos bajo el viejo saman, y podian vivir de ello. Y siglos después pudo él superar a su ego y decidió ser olvidado, y sus recuerdos se esfumaron entre la espuma del cielo y el sagaz viento. Solo algunos lo recuerdan porque nunca fueron felices mientras existió, si entonces los hubiese él conocido, quizás aún lo veríamos bajo el saman admirando a la tierra madre a la que le debía su inmensidad o durmiendo en el humedo pasto alimentando a las hormigas.

domingo, junio 20, 2004

De como quise dejar de ser yo...


Después de la vigilia y las ganas inmensas de vomitar aquellas rebanadas verdes de palabras q atesaron mi paladar con razón o sin ella, llego la conmoción bestial del dejo y la desidia de ser yo, implacable el aura magenta amagaba su intensidad lacer�ndome con su inmensidad y un pacto más terrible fue el dichoso encuentro de las extraños conmutaciones en mi personalidad, en los choques de ella o ellas, indulgentes y sabihondas al mismo tiempo, blancas y negras, superficiales y profundas, pero siempre jugando conmigo y el paraíso alterno a las distracciones de aproximadamente la mitad de las desdicha que atacaron a mi vida que inundaron un papel in�dito que me hizo sentir que existía alguna vez y que ahora no sirve de nada. Sopesaron nuevamente las ideas de un nuevo nacimiento, mucho más pulcro y sin olor a creolina, con mucha más pasión, que fuese casi arte, que al mirarlo admiraran con sigilo, disimulando por encima del hombro, como hacen aquellos ancianos trasladados del pasado en una disputa infinita contra una �poca, contra un momento que no hace más que echarlos, de no aceptarlos, de escupirlos para siempre. Pero el agua dubitativa y azul transparente, espejo de un cielo inexistente, que te hace pensar en una isla desierta con un riachuelo gris descargado en la inmensidad del mar caribe y el sol riendo junto a las pequeñas gotas cristalinas en tu cabello mojado, ella intenta darte la vida que te quitaron, intenta sin palabras ni falsos sentimientos llegar a tocarte, y llenarte y lo consigue�ya el intento es un vano desvanecimiento de ti, la melancol�a sigue ah� detr�s del velo negro y es un soplo sonoro, que expande las ganas de olvidarme y de saborear la dulce idea de ser alguien más, con un poder subversivo intergal�ctico, un dios de cuerpo plateado, con ojos grandes y uñas como garras, que se alimentara de tristeza y diera a luz a un peque�o pero muy frugal rey, que volvería a ser yo y darme cuenta de que no existo y no soy m�s que un sue�o entre tantos, uno más, que no esta condenado a vivir detrás de la cerámica y el plástico del cabello artificial, y nunca llego la hora de quebrarse y yo permanecía inmóvil una eternidad y otra, luego después de la vigilia volví a ser yo.
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...una aspirina si es tan amable...

epileptic

sábado, junio 19, 2004

Paulatinamente pensantes

It’s good to be... Ayer me dijeron si no fue asi, fue asao, entonces…va primero. Escribir es parte de la ociosidad que me da la loca idea de que no estoy desperdiciando cerebro, me molesta el desperdicio, me molesta escribir, porque al final no se si alguien a parte de mi gana algo con ello, y lo peor de todo, y que más me aflige es que no me importa, sin embargo no puedo escribir cuando TENGO que hacerlo, es una de esas ironías que hacen la vida bonita. (ironía).



Percepción Musical [1] (my best shoot to write something that just can feel)

Intenso estuvo el día en que escuche la Sonata que hizo brindar a los dementes de la noche, a los oscuros reyes del polímero y hermoso diablo de las palabras sin sentido, adorando consigo mismo, unos assamitas[2] quietos e inconclusos cuyo arte se desvanece en el transcurrir del tiempo, he llorado y reído durante horas, y aún no puedo sentir cual es el empeño de verter felicidad sobre nuestros hombros cansados, y he de soñar en la música, y vivir entre nimiedades que me hagan sopesar el pasado oscuro, y el fuego, la condenación. Más hoy estuve a punto de morir, como se suelen morir los extraños individuos que no logran terminar una batalla y derrochan felicidad, bondad y humildad. Allá debajo de algunos árboles vi salir el sol, con una mejilla sonrojada, emanando caricias y luego castigando, sí castigaba con un látigo de fuego espantoso, me moría por verlo en su furia eclíptica[3] y moría, me desvanecía, me derretía como plastilina y mis manos dejaron de ser manos para convertirse en largos tentáculos, y mi rostro ya no era mi rostro y yo ya no era yo, y de esta misma manera percibí el frío en mis sienes, en mis labios, en la saliva congelada en mi lengua, el frío que intenta debatir el movimiento, el frío que atrae el silencio y quebranta las cosas inservibles, y lo lloré en silencio, y mis lagrimas cristalizadas fueron un regalo a su suerte, porque el sol lo había derrotado, y aún más porque yo moría otra vez, moría de amor por él.